El perrito escandaloso

Cuando yo era niño, en la granja mi papá, mi hermano y yo solíamos visitar la granja del vecino para compartir productos y labores. El vecino tenía un pequeño perro escandaloso que me asustaba mucho. Cuando salía corriendo, mi papá y mi hermano no huían, pero yo sí. ¡Adivinen a quién correteaba el perrito! En una ocasión, escapé subiéndome a la camioneta mientras el perrito me ladraba desde abajo.Todos los demás se daban cuenta que el perrito no tenía poder sobre mí, salvo el que yo le concedía. Además, no tenía ningún poder innato de echarme hasta arriba de la camioneta; era mi creencia la que me subía allí. Ese perro me controlaba al usar mi mente, mis emociones, mi voluntad y mis músculos, los cuales estaban motivados por temor.

Finalmente me armé de valor y bajé con un brinco de la camioneta, le eché una piedrita al perro… y para sorpresa mía, ¡corrió! Satanás es como el perro escandaloso: engaña a las personas para que le teman más a él que a Dios. El poder de Satanás está en la mentira, y cuando su mentira se expone con la verdad, sus planes se deshacen. - Neil T. Anderson, "Rompiendo Las Cadenas", p. 27

La carta de Santiago nos presenta una fórmula para hacer que el diablo huya de nosotros. Como en el caso de esta historia, la solución a nuestros problemas muchas veces es más fácil de lo que aparenta. La Biblia nos brinda instrucciones simples, claras, dándonos la garantía del resultado que se obtendrá. Por alguna razón, lo simple muchas veces se nos complica, nos cuesta creer que algo simple pueda resolver lo que creemos complicado. “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. (Santiago 4:7)

El diablo puede pelear con el cristiano, pero no le puede abatir. Esta es una verdad que les encantaba a los cristianos, porque Pedro dice lo mismo (I Pedro 5:8-10). El gran ejemplo y la gran inspiración es Jesús en Sus tentaciones. En ellas Jesús dejó bien claro que el diablo no es invencible; cuando se enfrenta con la Palabra de Dios, tiene que huir. El cristiano tiene la humildad de saber que tiene que pelear sus batallas con el tentador, no con su propio poder, sino con el poder de Dios.

También debe saber que tiene el mayor privilegio, que es el acceso a Dios. Esto es algo imponente, porque el derecho de acceso a la presencia de Dios en el antiguo orden de cosas era una exclusiva de los sacerdotes (Exo_19:22 ). El ministerio del sacerdote le permitía acercarse a Dios para ayudar a los que estaban manchados de pecado (Eze_44:13 ). Pero por la obra de Jesucristo, cualquier creyente puede acercarse confiadamente al trono de Dios, seguro de que encontrará misericordia y gracia que le ayuden en el momento de la necesidad (Heb_4:16 ). Hubo un tiempo cuando sólo el sumo sacerdote podía entrar en el lugar santísimo; pero nosotros tenemos un Camino nuevo y vivo y una mejor esperanza que nos permite acercarnos a Dios (Heb_7:19 ).

Los cristianos debemos ser humildes; pero es una humildad que nos da un valor invencible y que sabe que el acceso a Dios está abierto hasta para el santo más tímido.

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