Hijos e hijas de padres divorciados

La Biblia es muy clara en cuanto al divorcio, y los que hemos aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador sabemos que el divorcio no está dentro su voluntad para nosotros. Sin embargo, tenemos que aceptar que este mal está atacando cada vez más a nuestra sociedad, y que ante tal situación debemos tomar acciones para evitar que nos golpee, o bien para minimizar los efectos que el mismo causa en los hogares que lo sufren.

La Biblia dice en Malaquías 2:16 (NVI) “Yo aborrezco el divorcio - dice el Señor, Dios de Israel…..”.
Y seguimos leyendo en las Escrituras, en Marcos 10: 1-12 (BLS):

(1) Jesús salió del pueblo de Cafarnaúm, y se fue a la región de Judea y a los lugares que están al este del río Jordán. Mucha gente se reunió otra vez a su alrededor y, como siempre, Jesús empezó a enseñar.
(2) Unos fariseos se acercaron a él para ponerle una trampa, y le preguntaron:
--¿Puede un hombre divorciarse de su esposa?
(3) Jesús les respondió:
--¿Qué les mandó Moisés?
(4) Ellos dijeron:
--Moisés permitió escribir un certificado de divorcio y separarse de ella.
(5) Entonces Jesús dijo:
--Moisés les dejó escrito ese mandamiento porque ustedes son muy tercos.
(6) Pero desde el principio Dios hizo al hombre y a la mujer para que vivieran juntos.
(7) Por eso el hombre tiene que dejar a su padre y a su madre para casarse y vivir con su mujer.
(8) Los dos vivirán como si fueran una sola persona. Así, los que se casan ya no viven como dos personas separadas, sino como si fueran una sola.
(9) Si Dios ha unido a un hombre y a una mujer, nadie debe separarlos.
(10) Más tarde, cuando ya estaban en casa, los discípulos preguntaron de nuevo a Jesús sobre el divorcio.
(11) Él les respondió: "Si un hombre se divorcia de su esposa y se casa con otra mujer, comete pecado, pues sería infiel a su matrimonio.
(12) Y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro hombre, también comete el mismo pecado".

Es lógico entender que nadie se casa pensando en divorciarse en un plazo determinado. Las personas no dicen: ”me voy a casar y dentro de un año me divorcio”. Cuando tomamos la decisión de casarnos lo hacemos pensando en que así estaremos por el resto de nuestras vidas, lo hacemos pensando en que encontramos la pareja ideal.

Pero, en los últimos años lamentablemente el número de divorcios y separaciones ha aumentado considerablemente y con esto muchos niños, niñas y jóvenes están entrando a situaciones para los que no están preparados, porque pese a ser hoy una gran realidad, a pocos niños y niñas se les prepara para afrontar la separación de sus padres.
Aun cuando la noticia se de con tacto, la reacción será de conmoción, negación, enojo y en el caso de los preadolescentes puede estar presente la sensación de que hasta cierto punto son responsables de lo ocurrido.


Pocos se toman la molestia de comunicar a sus hijos qué ocurre y por qué, advierte el doctor Mario Souza y Machorro, uno de los pioneros en el estudio de este tema en México. Ellos acaban imaginando, pero lo que imaginan rara vez coincide con la realidad.
De ahí la importancia de considerar que al tomar la decisión de separarse, los padres deben analizar primero su relación con sus hijos e hijas, las razones que darán a estos para la ruptura y en especial que la decisión no comprometa las necesidades básicas de los mismos.
Aun cuando los padres se separen y ya no sean un matrimonio, deberán tener claro que no dejarán de ser padre y madre para sus hijos e hijas.
Los pequeños de entre dos y cuatro años se sienten culpables, y no es raro que den marcha atrás en su desarrollo, volviéndose más dependientes: mojan nuevamente la cama, piden que les den de comer en la boca.


Los de entre seis y ocho años también asumen con frecuencia la culpa de la ruptura y, encima, temen que sus padres los abandonen o dejen de quererlos. "Ya tienen conciencia clara de lo que significa la separación, y muchas veces se sienten sumamente frustrados porque no consiguen evitarla o revertirla", señala el doctor Alonso Cantú Lozano, director de la clínica de niños y adolescentes de la Asociación Regiomontana de Psicoanálisis.
Algunos niños, en especial los varones cuyo papá se ha ido, tratan de reemplazarlo. Se tornan protectores con la familia. Los adultos propician esta conducta, agrega Hernández Hemken. "Les dicen: "Ahora tú eres el hombre de la casa', sin darse cuenta de que son unas criaturas".
Entre los 9 y 12 años el sentimiento más característico es el enojo hacia uno de los padres, generalmente con el que se quedan a vivir. Éste suele perder valor a sus ojos por su supuesta incapacidad para retener al cónyuge, explica María Teresa Sáenz Chapa, coordinadora de la clínica del Instituto de la Familia.


La problemática de los adolescentes es distinta. A ellos, más que el sentimiento de culpa, los aflige un dilema de lealtad. "Los padres los ponen entre la espada y la pared", explica la psicóloga Margarita Hernández Hemken. "
En relación a cuanto tarda en adaptarse un hijo de padres divorciados?
Dice Souza y Machorro que dependerá , entre otros factores, de la edad y de la estabilidad de su vida tras la separación. Hace notar que, si bien en ocasiones nunca superan el golpe, de ordinario bastan uno o dos años para que acabe de aceptar su nueva realidad.
Los estragos del divorcio en los niños pueden atenuarse desde el principio si se les dice la verdad con tacto y se les tranquiliza acerca del futuro. "Los hijos llegan a disculpar la separación, pero no la falta de información y la incertidumbre", dice Sáenz Chapa.
Es de vital importancia asegurarles que siempre contarán con el cariño de ambos, padre y madre. El doctor López Uriarte recomienda "dejarles claro que el divorcio es un asunto de papá y mamá, y que ellos no tienen la culpa, ni la obligación de hacer algo para que no se separen o se reconcilien".


El divorcio no es fácil para ningún niño o niña, pero algunos salen bastante bien librados. Desaparecida la tensión matrimonial, recuperan la confianza en sí mismos y se sienten relajados. La mayoría de los expertos aseguran que pueden salir favorecidos con la separación, y que se encuentran mucho mejor apartados de los pleitos conyugales. Durante 12 largos años, dos hijos de un matrimonio vieron a sus padres tratarse a gritos y golpes. Luego del divorcio disminuyó su miedo y su estrés. "Ahora tienen unos padres más sanos y tranquilos, y se llevan bien con ambos", dice Carolina Rodríguez, terapeuta del Instituto Superior de Estudios de la Familia.
La regla de oro aquí es que, no obstante haberse separado, las parejas permanezcan unidas como padre y madre. "Deben sacar adelante juntos a los hijos", afirma el padre Ignacio Díaz de León, sacerdote de los Misioneros del Espíritu Santo .


Material de apoyo: Cómo afecta a los hijos el divorcio escrito por Consolación Salas

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