Confiar en lo imposible

Cuando sucede una catástrofe como una inundación o un terremoto, lo común es que esas tierras pierden valor comercial. Después de un evento de tal magnitud es poco probable que se quiera comprar tierras en la zona afectada. Seguramente las personas de esos lugares buscarán los medios para dejar la zona y trasladarse a vivir en una zona más segura, o bien el gobierno buscará ese traslado, en aras de la salud de los pobladores.

En la Biblia tenemos un relato de una tierra que sería arrasada por otro pueblo. Juda llevaba un año de estar sitiada por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Un asedio que duró 18 meses, en el décimo año del reinado de Sedequías, rey de Israel. Juda está sitiada, y el profeta Jeremías está en prisión, por cumplir la labor de profetizar en el nombre del Señor. Jeremías en esta condición compra un terreno, el cual los soldados invasores tenían un año de estar allí, y las probabilidades eran que todo el país sería destruido por tan poderoso ejército.

Jeremías hace una pobre inversión, en un momento en que nadie daría nada por ese terreno, ante el panorama que se avecinaba.(Jeremías 32:1-12) La confianza de comprar el terreno no surge tan fácilmente, no fue sencillo para Jeremías comprar públicamente una tierra que el enemigo capturó, si bien la ley le daba no solo el derecho sino que también la obligación de hacerlo (Lev 25:23-25), ya que pertenecía a su primo hermano Hanameel hijo de Sallum su tío (v.28). Pero Jeremías confió en Dios. Daba muestras de su fe en las promesas de Dios de regresar a su pueblo y reconstruir Jerusalen.

“He aquí que yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo e indignación grande; y los haré volver a este lugar, y los haré habitar seguramente; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma”. (Jeremías 32:37-41)

Así como pudo no ser fácil para Jeremías tener confianza en esa promesa viendo el asedio enemigo, tampoco fue fácil para David pensar que se convertiría en rey, incluso después de ser ungido, sin embargo, confió en Dios (1 Samuel 16-31). No fue fácil para Moisés creer que él y su pueblo podrían escapar de Egipto, aún después de que Dios habló con él desde una zarza ardiente. No obstante, confió en Dios (Exodo 3.1-4.20). Tampoco es fácil para nosotros creer que Dios puede cumplir sus promesas "imposibles". Pero debemos confiar en Dios. El, quien obró en la vida de héroes bíblicos, es el mismo que nos ofrece obrar en nuestras vidas, si se lo permitimos.

Después que Jeremías compró la heredad, comenzó a preguntarse si había actuado con sabiduría. Buscó alivio de las dudas que lo asaltaban a través de la oración. En esta oración, Jeremías afirmó que Dios es Creador (32.17), el Juez sabio de todos los caminos de los hombres (32.19) y el Redentor (32.21). Dios nos ama y ve nuestra situación. Cuando nos asalten dudas acerca de su sabiduría o nos preguntemos si es práctico obedecerle, podemos revisar todo lo que sabemos de Él. Tales pensamientos y oraciones acallarán dudas y calmarán temores.

“Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (v.26-27)

En respuesta a Jeremías, Jehová asegura al profeta que él es un Dios para el cual nada es imposible. Ni ayer, ni hoy, porque es el mismo Dios de todos los tiempos.

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