Seguridad

Es común que las pertenencias nos den alguna seguridad, y las disfrutamos. Así podemos decir "mi casa", "mi libro", "mi carro", "mi cónyugue" y con cada una de las cosas que nos pertenecen, de las que somos dueños. Aún con los hijos solemos decir "mis hijos", dejando claramente marcado quienes son sus padres, y a quienes deben honrar, obedeciendo y respetando. Es bueno saber lo que nos pertenece, seguros de que si lo perdemos lo podemos reclamar, buscar y recuperar.

De la misma manera David indica que "el Señor es mi pastor". Es bueno saber, de modo tan cierto como lo sabía David que pertenecemos al Señor. No indica una situación condicional con un "si", ni un "pero", ni un "espero", sino que manifiesta "el Señor es mi pastor". Que palabra más dulce es ese "mi", porque no dice que el Señor es el pastor de todos, y que guía la multitud a su rebaño, sino que "Jehová es mi pastor", porque aunque no fuera el pastor de nadie más, es "mi pastor", que me cuida, me vigila y me guarda. El verbo "es" está en tiempo presente, por lo que se está bajo el cuidado pastoral del Dios verdadero.

El enemigo tratará de llevarte al pecado de una manera suave y atrayente, pero al final se portará de modo amargo y grotesco, y Cristo, aunque parece áspero para mantenernos alejados del pecado, se portará dulce si se entra en su rebaño, a pesar de los pecados.

Satanás te sonríe de modo placentero para que caigas al pecado, pero después te acusa, primero te seduce y después te acusa. Satanás te atormentará y te afligirá y será amargo para ti. Pero Jesucristo será dulce al procurar guardarte del pecado antes que lo cometas, es el pastor preocupado y vigilante de su rebaño, con suficiente amor por cada una de sus ovejas.

El salmista indica que nada le faltará, seguro de a quien pertenece, seguro de su sabiduría y de su poder, para hacer esta afirmación en tiempo futuro. En el capítulo diez del Evangelio de Juan hallaremos las seis marcas de la oveja de Cristo: 1) Conoce a su pastor; 2) conoce su voz; 3) le oye cuando llama por su nombre; 4) le ama; 5) confía en El; 6) le sigue. Que maravillosa seguridad la de David al escribir este salmo, pero también que maravillosa conciencia de la clase de oveja que tiene que ser para merecer a tal pastor.

Sal 23:1 El SEÑOR es mi pastor, nada me falta;
Sal 23:2 en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce;
Sal 23:3 me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.
Sal 23:4 Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.
Sal 23:5 Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar.>
Sal 23:6 La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del SEÑOR habitaré para siempre.

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