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LA SUBASTA


Un hombre muy rico y su hijo les encantaba coleccionar obras de arte. Ellos tenían de todo en su colección, desde Picasso hasta Raphael. A menudo se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte.Cuando se desató el conflicto de Vietnam, el hijo se fue a la guerra. Era muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado. Le dieron la noticia al padre ...

y lamentó profundamente por su único hijo.Como un mes después, justo antes de la Navidad, alguien tocó la puerta. Un hombre joven estaba parado afuero con un gran paquete en sus manos.Dijo, "Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. El salvó muchas vidas ese día, y me llevaba a mí a un lugar seguro cuando una bala le pegó justo en el corazón y murió instantáneamente. El seguido hablaba de usted, y de Su amor por el arte.

El joven sostuvo su paquete. "Yo sé que esto no es mucho. No soy el gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted tuviera esto."El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el joven. Observó muy impresionado por la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura. El padre estaba tan enfocado en los ojos de su hijo que sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Agradeció al joven y ofreció pagarle por el cuadro."Oh no Sr., yo nunca podría pagarle por lo que su hijo hizo por mi. Esto es un regalo.

El padre colgó el retrato sobre su manto. Cada vez que visitantes venían a su casa los llevaba a que vieran el retrato de su hijo antes de llevarlos a ver cualquier de las otras grandes obras de arte que coleccionaba. El hombre murió unos meses después. Iba a haber una gran subasta para sus pinturas. Muchas personas de influencia se juntaron, emocionados por ver las grandes pinturas y por tener la oportunidad de adquirir alguna para su colección. En la plataforma estaba la pintura de su hijo.
El subastador golpeó con su martillo."Comenzaremos por ofrecer el retrato de su hijo. ¿Quién quiere ofrecer algo por este retrato?" Hubo silencio. Luego una voz desde el fondo del cuarto gritó. "Queremos ver las pinturas famosas. Haz esta a un lado." Pero el subastador persistía. "¿Alguien quiere ofrecer algo por esta pintura? Quien comenzará la subasta? $100, $200?" Otra voz gritó con enojo. "No vinimos a ver esta pintura. Vinimos a ver los Van Goghs, los Rembrandts. Pásate a la verdadera subasta!" Pero el subastador continuó. "¡El Hijo! ¡El Hijo! ¿Quién se llevará al hijo?"
Finalmente, se escuchó una voz que venía desde muy atrás del cuarto. Era el jardinero que había estado por muchos años con este hombre y su hijo. "Yo doy $10.00 por la pintura."Siendo un hombre muy pobre, era todo lo que podía dar. "Tenemos $10, quien da $20?" "Dénselo a este hombre por $10. Queremos ver a los maestros.""$10 es oferta, nadie quiere dar $20?" La gente se enfureció. Ellos no querían el retrato de su hijo. Querían las inversiones más valiosas para sus colecciones. El subastador golpeó con su martillo. "Va una, dos, queda VENDIDO por $10!" Un hombre sentado en la segunda hilera gritó. "Ahora vamos con la colección."El subastador soltó su martillo. "Lo siento, esto se ha terminado." "¿Y qué pasó con las pinturas?" "Lo siento. Cuando me llamaron para conducir esta subasta, se me dijo un secreto estipulado en el testamento. Solo la pintura de su hijo sería subastada. Quien hubiere comprado esta pintura heredaría la colección entera, incluyendo las pinturas.

El hombre que se llevó al hijo se queda con todo!"Dios dio a su hijo hace 2,000 años para morir en una cruenta cruz. Su mensaje es muy parecido al del subastado, "El Hijo, el hijo, quién quiere al hijo?" Porque como puedes ver, quien toma al Hijo recibe todo --Autor Desconocido.

HUDSON TAYLOR Y EL VIENTO


Cuando el gran misionero Hudson Taylor fue a China, viajó en un barco de velas. Mientras que se acercaban a la Península de Malay y la isla de Sumatra, el misionero escuchó a alguien tocando la puerta de su cabina. Al abrir la puerta, encontró al capitán diciendo, "Señor Taylor, no hay viento. Estamos acercándonos a una isla donde temo se encuentran puros caníbales."

"¿Qué puedo yo hacer?", preguntó el señor Taylor. El capitán respondió, "Yo entiendo que tú eres un cristiano y que crees en Dios. Necesito que ores a Dios para que nos mande viento." "Está bien, capitán, yo lo haré. Pero primero tu necesitas levantar y abrir las velas". "Pero eso sería una locura", dijo el capitán. "No hay nada de viento. Además, los marineros creerán que soy loco."

Pero después de mucha insistencia de parte del misionero, se sometió a lo que le exigía. Después de cuarenta y cinco minutos, el capitán regresó para encontrar al misionero Taylor todavía sobre sus rodillas orando. "Puedes dejar de orar ahora", dijo el capitán. "No sabemos ni qué hacer con todo el viento que tenemos."

Es común encontrar en los evangelios a Jesús diciendo "tu fe te ha salvado". En Mateo 9:20-22 encontramos el hecho de la mujer con doce años de flujo de sangre, que tiene fe de que con solo tocar su manto sería sana, y el Señor al sentir que le han tocado se dice esas maravillosas palabras "tu fe te ha salvado".

Así también en Marcos 10:46-52 está el hecho de Bartimeo el ciego, quien al oir a Jesús clamaba a gritos "Jesús Hijo de David, ten misericordia de mi", y a pesar de que otros le callaban, él seguía pidiendo misericordia, y Jesús también le dice "tu fe te ha salvado".

En todos estos casos, la fe en Jesús hizo que dieran un paso, un acto de fe. No solo creyeron que podía pasar, sino que actuaron. Como en el relato del barco y el viento, el Sr. Hudson le pide al capitán del barco que alce las velas, aún sin viento, como ese acto de fe, no necesito ver para esperar lo mejor de mi Señor.

Tenemos que aprender a andar por fe, pero no tenemos que quedarnos esperando a ver los milagros para declararlos, así sería muy simple y sencillo, tenemos que aprender a declarar los milagros antes de que sucedan, entonces sí podremos decir que tenemos fe. Pero no debemos olvidar que estamos a merced de la divina voluntad de Dios.

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan". Hebreos 11:6



AYUDANDO A JACKIE ROBINSON

Recordarás a Jackie Roboinson, el primer hombre de color que jugó en las ligas mayores de baseball con los Dodgers de Brooklin. En su primera temporada, Robinson se enfrentó con serpientes casi a donde quiera que viajaba. Algunos pitchers tiraban pelotas rápidas a su cabeza. Los corredores lo injuriaban en las bases, frases brutales se escribían en tarjetas o dichas desde las bancas de jugadores (dugouts) opuestas.

Aún la gente de casa en Brooklin lo veía como objeto de reproche (rechazo), durante un juego en Boston los insultos raciales llegaron a un punto crítico. Para empeorar la situación Robinson cometió un error y permaneció humillado en la segunda base mientras que los fans le gritaban insultos.


Otro Dodger, un sureño, hombre blanco, llamado Pee Wee Reese, pidió tiempo fuera, caminó desdes su posición hacia la segunda base de Robinson, y con la multitud viéndole, puso su brazo alrededor del hombro de Robinson. Los fans se callaron, Robinson más tarde dijo que el brazo sobre su hombro salvó su carrera.


En el Nuevo Testamento econtramos la frase "unos a otros" en 41 versículos, haciendo referencia a la labor que tenemos unos con otros: ayudándose unos a otros, hablándose unos a otros, preguntándose unos a otros, mirándose unos a otros, amándose unos a otros. Definitivamente hemos sido creados para vivir en sociedad, no estamos diseñados para vivir aislados los unos de los otros, nos necesitamos. Tal vez en otros tiempos el hombre pudo ser autosuficiente en cuanto a las necesidades para subsistir, pero hoy en día no es así. Necesitamos del que hace los zapatos, del que siembra el arroz, del que labora en un banco, del que limpia las calles, del que atiende el teléfono, del que cocina, del que dirige al país, del que nos brinda las noticias; en fin, necesitamos de lo que hacen los demás.

Es común organizarnos en grupos que tienen algo en común, y es común que tendamos a despreciar al que no se asemeja a lo que une al grupo, como el caso de esta historia, algo que bien conocemos bien todos, un problema de racismo que al parecer ha ido bajando su volumen con el paso de los años. Posiblemente hoy la vemos como algo que solía pasar en ese país hace muchos años, pero la realidad es que sigue pasando, en ese, en este y en todos los países. Marginamos por raza, por profesión, por clase, por dinero, por apariencias (casa, ropa, carro, etc), marginamos por nivel de sabiduría (humana) y hasta por la forma de pensar. Que falta hace una persona que se arriesgue y marque la diferencia, como PeeWee Reese, que no teme salir al campo con la mirada de sus compañeros y de una multitud, y decide marcar la diferencia. El mundo hoy en día está esperando que los que creemos en Jesucristo marquemos la diferencia, que no tengamos miedo de parar el ritmo acelerado de vida, y demostremos que hay amor y esperanza en Cristo Jesús, porque nos ha dejado una instrucción bien clara:

"Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado." (Juan 15:12 RV60)









REVELACIÓN DEL CÓDIGO MORSE


Cuando el telégrafo era el método más rápido de comunicación de larga distancia, un joven solicitó trabajo como operador del Código Morse, en respuesta a un anuncio en el periódico, se fue a la dirección, entró a una oficina grande y ocupada, llena de ruido, incluyendo el sonido del telégrafo, en el fondo un anuncio en el módulo de recepción indicaba a los solicitantes a llenar una forma y esperar hasta que se les llamará a entrar a la oficina interna.

El joven llenó la forma y se sentó junto con otros 7 que también estaban esperando su turno.Después de unos minutos, el joven se paró, cruzó el cuarto y fue hacia la oficina interna, y se metió. Naturalmente los otros solicitantes se preguntaban qué estaba pasando, murmuraban entre sí que no habían llamado a nadie todavía. Asumieron que el joven que había entrado había cometido un error y sería descalificado.Dentro de pocos minutos, sin embargo, el gerente acompañó al joven fuera de la oficina y dijo a los demás solicitantes "Caballeros, muchas gracias por venir, pero el puesto ya está ocupado".

Los otros empezaron a comentar el uno con el otro, y uno de ellos preguntó, "Espera un minuto, yo no entiendo. El fue el último en venir, y nosotros ni siquiera tuvimos oportunidad de ser entrevistados. Sin embargo a él le dan el trabajo. No es justo"El gerente dijo, "Lo siento, pero los últimos minutos mientras estaban sentados allí, el telégrafo les estaba mandando un mensaje en Código Morse que decía: "Si entiendes este mensaje, entra, el puesto es tuyo. Ninguno de ustedes lo escuchó ni lo entendió". Este joven sí. El trabajo es suyo.Vivimos en un mundo lleno de trabajo y ruido, como esta oficina.

Cuántos ruidos escucha usted? En esta sociedad de hoy día, es impresionante el ruido, la contaminación sónica, que hay en el ambiente. Y si a esto le sumamos el ritmo agitado que tenemos, correr en las mañanas para que los chicos estén listos para llevarlos a la escuela, correr y vencer las presas para no llegar otra vez tarde al trabajo, no olvidarse del encargo de la esposa porque es para la cena, los problemas propios del trabajo, el presupuesto familiar que no da para esos gastos inesperados, el resentimiento del vecino, que ya vienen las lluvias y hay que arreglar el techo, que hay que sentarse con los chicos para hacer la tarea juntos, que no alcanzó el día para las labores de la casa, que se pasan las semanas y siguen quedando asuntos pendientes, que lo hijos presionan por tener lo que otros chicos o la televisión les mete en la cabeza que necesitan, que otra vez es lunes y se fué la semana sin poder salir a andar en bicicleta, que viene el cumpleaños de tal, que el diario no alcanzó esta quincena, que otra vez está resfriado, en fin, una serie de asuntos a los que estoy seguro que usted bien puede agrandar esta lista.

Es así como vemos que muchas personas no disfrutan de lo que tienen, porque viven pensando más en lo que les falta, o creen que les falta. Viven más pensando en sus asuntos y se vuelven insensibles a las necesidades de las otras personas. Muy posiblemente estos jóvenes que estaban esperando a ser llamados, estaban sumerjidos en sus pensamientos sobre lo que responderían a las preguntas de esa entrevista, y también muy posiblemente idos en la forma de como el salario de ese trabajo iría a satisfacer sus necesidades, por lo que lo único que estaban dispuestos a oir era su propio nombre, estaban condicionados a saltar de inmediato en cuanto escucharan su nombre, bloqueando el resto de los ruidos que habían en esa oficina, incluido el del telégrafo, como narra esa historia.

Esta es una realidad hoy en día en nuestra sociedad, aún, lamentablemente dentro del mismo pueblo cristiano. Podrá este ruido y esa inmersión en sí mismo impedir que escuchemos la voz de Dios? Por eso tenemos que estar recordando lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz, confiando en Él, dejando nuestros afanes para sacar tiempo para la oración. El tiempo con el Señor nos permite estar atentos a su voz, de tal manera que los ruidos de esta vida no nos impidan oírla.

En Lucas 6:20-26 (NVI-1999) encontramos un buen pasaje para pensar en lo que realmente agrada al Señor:

(20) Él entonces dirigió la mirada a sus discípulos y dijo: «Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece.
(21) Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír.
(22) Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre.
(23) Alégrense en aquel día y salten de gozo, pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo. Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los profetas.
(24) Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo!
(25) ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque sabrán lo que es derramar lágrimas!
(26) ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los falsos profetas.

YO PUEDO HACER MAS QUE ESO


La madre, de 26 años de edad, se paró al lado de la cama de su hijito de 6 años, que estaba muriendo de leucemia. Aunque su corazón estaba lleno de tristeza y angustia, ella también tenía un fuerte sentimiento de determinación.

Como cualquier otra madre, ella quería que su hijo creciera y realizara sus sueños.
Ahora, eso no sería posible, por causa de la leucemia terminal. Pero, aún así, ella todavía quería que el sueño de su hijo se transformara en realidad. Ella tomó la mano de su hijo y le preguntó: "Billy, ¿alguna vez ya pensaste en lo que te gustaría ser cuando crezcas? ¿Ya soñaste lo que te gustaría hacer con tu vida?" "Mamá, siempre quise ser un bombero".La madre sonrió y dijo: "Vamos a ver si podemos transformar ese sueño en realidad".

Más tarde, ese mismo día, ella fue al cuerpo de bomberos local, en la ciudad de Phoenix, Arizona, donde se encontró con un bombero de gran corazón, llamado Bob. Ella explicó la situación de su hijo, su último deseo y, le preguntó si sería posible dar una vuelta en el camión de bomberos con su hijito de seis años, alrededor de la manzana.El bombero Bob dijo: "Mire, ¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! Si tienes tu hijo listo, a las siete horas de la mañana, el próximo miércoles, nosotros lo haremos un bombero honorario por todo el día. ¡Él podrá venir al cuartel, comer con nosotros, salir para atender las llamadas de incendio! Y si nos das sus medidas, nosotros le conseguiremos un uniforme de verdad, con sombrero, con el emblema de nuestro batallón, un saco amarillo igual al que vestimos y también botas. Ellos son todos confeccionados aquí mismo en la ciudad y lo conseguiremos rápidamente".

Tres días después, el bombero Bob buscó al niño, lo vistió en su uniforme de bombero y lo escoltó desde la cama del hospital hasta el camión de bomberos. Billy se sentó en la parte de atrás del camión, y lo llevaron hasta el cuartel central. El estaba en el cielo. Ocurrieron tres llamadas aquel día, en la ciudad de Phoenix, y Billy acompañó a todos. En cada llamada, el fue en vehículos diferentes: en el camión tanque, en la van de los paramédicos y hasta en el auto especial del jefe del cuerpo de bomberos. El también fue filmado por el programa de televisión local. Tuvo su sueño realizado. Todo el amor y atención que le dieron lo tocó tan profundamente, que Billy vivió tres meses más de lo que todos los médicos habían previsto.Una noche, todas sus funciones vitales empezaron a caer dramáticamente y la enfermera-jefe, que creía en el concepto de que nadie debería morir solo, empezó a llamar al hospital a toda la familia.

Entonces, la enfermera recordó el día que Billy había pasado como un bombero, y llamó al jefe, preguntando si sería posible enviar algún bombero al hospital, en ese momento difícil, para quedarse con el niño. El jefe de los bomberos contestó: "¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! Nosotros estaremos ahí en cinco minutos. Y hágame un favor. Cuando escuche las sirenas y vea las luces de nuestros autos, avise al sistema de seguridad que no se trata de un incendio. Solamente es el cuerpo de bomberos que viene a visitar, una vez más, a uno de sus más distintos integrantes. ¿Y podrías abrir la ventana de su habitación? ¡Gracias!"

Cinco minutos después, una van y un camión con escalera Magirus llegaron al hospital, extendieron la escalera hasta el piso donde estaba el niño y 16 bomberos subieron hasta su cuarto. Con el permiso de la madre, ellos lo abrazaron, lo tomaron en los brazos y dijeron lo mucho que ellos lo amaban.Con un suspiro final, Billy miró al jefe y preguntó: "Jefe, ¿yo realmente soy un bombero?""Billy, ¡eres uno de los mejores!", dijo el jefe. Con estas palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última vez.(Esta historia es verídica.) Walter Sandoval.

Muchas veces podemos "hacer más que eso", se trata de una disposición, se trata de las actitudes que tenemos en la vida. Nuestra actitud de ayudar muchas veces no depende de las circunstancias, depende más de la voluntad de querer hacerlo. Es evidente que este bombero Bob tuvo una actitud diferente a la que comunmente tenemos ante desconocidos, se dispuso a dar más de lo que le estaban pidiendo, quiso ir más allá de lo mínimo.

Y esto es a lo que el Señor nos está llamando. Recordemos el pasaje en Marcos 12, donde le preguntan a Jesús cuál es el primer mandamiento de todos:

Mar 12:29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
Mar 12:30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
Mar 12:31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (RV60)

Cuando amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos podemos "hacer más que eso", es fácil dar más de lo que se espera. Esta historia nos ilustra muy bien que debemos hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros, pero debemos hacerlo primero.

Cargando el pasado

Un día dos monjes iban caminando por el campo. Iban camino a otro pueblo para ayudar a traer la cosecha. Mientras caminaban, espiaron a una mujer que estaba sentada en la orilla del río. Ella estaba enojada porque no había un puente, y ella no podía cruzar al otro lado.
El primer monje ofreció amablemente, "Si quieres te podemos cargar hasta el otro lado del río" "Gracias" contestó ella, aceptando su ayuda. Así que los dos hombres juntaron sus manos, la levantaron entre los dos y la cargaron hasta el otro lado del río. Cuando llegaron al otro lado, la bajaron y ella siguió su camino.


Después de que los monjes caminaron otro tramo, el segundo monje empezó a quejarse. "Mira mi ropa," dijo, "Esta toda sucia por haber cruzado a esa mujer por el río. Y mi espalda todavía me duele por haberla cargado. Siento que se me esta acalambrando." El primer monje simplemente sonrió y asintió con su cabeza.Un poco más adelante, el segundo monje se quejó otra vez, "Mi espalda me duele tanto, y todo es porque tuvimos que cargar a esa loca mujer para cruzar el río! No puedo seguir adelante por el dolor." El primer monje miró a su compañero, que ya estaba tirado en el suelo quejándose y le dijo "¿Te has preguntado porqué yo no me estoy quejando?" "Tu espalda te duele porque todavía estás cargando a la mujer. Pero yo ya la bajé varios metros atrás."

Así es como somos muchos de nosotros cuando tratamos con nuestros prójimos. Somos como el segundo monje que no lo puede dejar ir. Queremos hacerles saber el dolor que todavía sentimos por algo que ellos hicieron en el pasado. Cada vez que podemos se los tratamos de recordar. – Dr. Anthony T. Evans, Guiando a tu familia en un mundo mal aconsejado.


Versículo para meditar: "Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas". Mt.11: 25-26 RV60



Como hacer dinero


Un banquero americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño, cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos. El pescador respondió que sólo un rato.
El americano le preguntó que por qué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado. El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El americano le preguntó qué hacía con el resto de su tiempo. El pescador dijo:
– Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, caigo todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida agradable y ocupada.
El americano replicó:
– Soy de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y, con los ingresos, comprar un bote más grande y, con los ingresos del bote más grande, podrías comprar varios botes. Eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador y, eventualmente, abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pueblo e irte a la Capital, donde manejarías tu empresa en expansión.
El pescador le preguntó:
– ¿Pero cuánto tiempo tardaría todo eso?
A lo cual respondió el americano:
– Entre 15 y 20 años.
– ¿Y luego qué?– preguntó el pescador.
El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte.
– Cuando llegue la hora deberías vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico. Tendrás millones!
– Millones ... ¿y luego qué?– Luego te puedes retirar. Te mudas a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocar guitarra con tus amigos.

Muchas veces se ha dicho que apreciamos las cosas cuando las perdemos. Otras veces no nos damos cuenta de las bendiciones que tenemos, y andamos buscándolas. Y en otras ocasiones nos dejamos arrastrar por los sueños de otros, o bien nos dejamos llevar por la publicidad, que frecuentemente nos crea necesidades donde no existen. El amor al dinero y a las cosas materiales nos pone una venda en los ojos que nos oculta lo que tenemos a nuestro alcance. Solemos creer que el dinero nos dará todo aquello que anhelamos, como si fuera la solución a todos los males.


El apóstol Pablo en su carta a los filipenses dice que ha aprendido a contentarse con lo que tiene, dando a entender que nuestro gozo no depende de nuestras posesiones, y apunta un versículo muy usado, que esperamos que realmente lo vivamos:


Sé lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada. (Fil 4:12 DHH).