El Taller de Reparaciones

Existe un dilema humano universal: nos encantan las relaciones cercanas, pero odiamos los problemas que a veces provocan esa cercanía. Las relaciones traen conflictos y nuestros defectos producen fricción. Por lo tanto, para tener buenas relaciones debemos manejar bien la fricción que no podemos evitar, aunque no siempre nos sintamos inclinados a hacerlo.

Todos somos imperfectos y vivimos en un mundo con otras personas imperfectas. Pero hubo un tiempo en que no fue así, cuando la perfección era la norma. Las personas nunca discutían, no se molestaban uno al otro, y el término problemas interpersonales era desconocido. Los primeros tres capítulos de la Biblia describen ese tiempo, que tuvo lugar en un huerto. Los dos habitantes disfrutaban de un periodo de perfecta paz y armonía que se acabó cuando sus malas decisiones hicieron que los echaran del lugar.

Si pasamos a los últimos tres capítulos de la Biblia, leemos acerca de una era futura, cuando las personas serán libres de sus imperfecciones, en el escenario de la ciudad que durará para siempre. Se puede imaginar eso. No se volverán a activar los mecanismos de reacción, no se reaccionará desmedidamente, no habrá discusiones que resolver, fallos que corregir, ni otros que nos vuelvan locos, y todo eso por la eternidad. La imperfección entró al mundo cuando los miembros del club del huerto lo echaron a perder, y será quitada en el día del Señor, cuando el único perfecto regrese a reinar en la ciudad.


Pero mientras estemos encerrados entre el huerto y la ciudad, está lo que se podría llamar el Taller de Reparaciones, un lugar donde las personas destruidas son reparadas. El Reparador tiene un método muy interesante para precisamente reparar. Usa la fricción de las personas cercanas para corregir los defectos y limar las asperezas. La fricción puede ser buena y mala, se puede realzar la belleza de una pieza de madera fina con la fricción del papel lija, pero se puede causar gran daño al ojo con la fricción de un grano de arena. El Reparador tiene que ver completamente con la buena fricción, que usa de la acción abrasiva generada en las relaciones cercanas para moldear a las personas y hacer que mejoren.


Aunque la Biblia trata muchos temas entre los primeros y los últimos capítulos, la tarea de llevarse bien con los demás es un tema recurrente. La tarea del Reparador fue la de restablecer la relación que se había deteriorado del hombre con Dios (relación vertical), pero también restablecer las relaciones deterioradas de los unos con los otros (relación horizontal). La Biblia contiene libros sapienciales con indicaciones para una vida sabia. Como norma general, la vida funciona mejor cuando se obedecen estas indicaciones. Uno de estos libros, Proverbios, tiene mucho que decir acerca de las relaciones humanas. Escrito hace ya miles de años, trata de temas como de los conflictos, buenos y malos, de la racionalidad y la irracionalidad, asuntos que existen desde que se echó a perder el balance original en el hurto, puede que los nombres que se le den sean modernos, pero los conceptos son antiguos.


A manera de ilustración, cito algunos de esos versos que nos hablan del tema:

Pro 15:18 El que es iracundo provoca contiendas; el que es paciente las apacigua.
Pro 27:5 Más vale ser reprendido con franqueza que ser amado en secreto.
Pro 17:1 Más vale comer pan duro donde hay concordia que hacer banquete[a] donde hay discordia.
Pro 21:9 Más vale habitar en un rincón de la azotea que compartir el techo con mujer pendenciera.
Pro 6:16 Hay seis cosas que el SEÑOR aborrece, y siete que le son detestables:
Pro 6:17 los ojos que se enaltecen, la lengua que miente, las manos que derraman sangre inocente,
Pro 6:18 el corazón que hace planes perversos, los pies que corren a hacer lo malo,
Pro 6:19 el falso testigo que esparce mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.
Pro 14:17 El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar.[a]
Pro 17:14 Iniciar una pelea es romper una represa; vale más retirarse que comenzarla.
Pro 27:3 Pesada es la piedra, pesada es la arena, pero más pesada es la ira del necio.
Pro 24:1 No envidies a los malvados, ni procures su compañía;
Pro 20:19 El chismoso traiciona la confianza; no te juntes con la gente que habla de más.
Pro 3:7 No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al SEÑOR y huye del mal.
Pro 28:23 A fin de cuentas, más se aprecia al que reprende que al que adula.

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